Una historia del Olmo de los que llegaron...y de los que quizá aún estamos aquí.
En el siglo XVI, mucho antes de que la palabra refugiado formara parte de nuestro vocabulario cotidiano, el Olmo protagonizó una historia de acogida. Los documentos son escasos y los nombres no han sobrevivido al paso del tiempo, pero sabemos que en aquellos años vivió allí al menos un persona morisca.
Los moriscos —musulmanes convertidos al cristianismo tras la conquista cristiana— vivían en una situación frágil. Eran tolerados, vigilados y, con frecuencia, desplazados. Tras la guerra de las Alpujarras (1568-1571), buena parte de la población morisca fue deportada del Reino de Granada y repartida por los territorios del interior peninsular, a los reinos de León y Castilla. Concretamente por Ávila, Salamanca, Toro y Fuentesaúco. De los aproximadamente 4500 Moriscos, 488 se distribuyeron por la provincia de Zamora, 113 personas (el 23 por ciento), correspondieron a Valdeguareña por orden del corregidor de Toro.
Morisca hilandoQue un morisco se asentara en un pequeño núcleo rural de Zamora, como es el Olmo en el siglo XVI no fue casualidad: alguien le permitió quedarse.
Imaginemos a aquel morisco formando familia e integrándose poco a poco en la vida del lugar: trabajando el campo, intercambiando saberes, participando en las rutinas del pueblo. Tal vez castellanizó su nombre. Tal vez sus hijos se casaron con vecinos de toda la vida. Con el paso de las generaciones, su origen se difuminó, como ocurrió en tantos otros lugares de la península.
Y aquí surge una pregunta fascinante: ¿y si aún quedan descendientes? ¿Es posible que hoy, cinco siglos después, haya Olmeros que lleven en su sangre la historia de aquella persona morisca sin saberlo?…
A mí, me gusta fantasear que sí. La historia, muchas veces, no desaparece: se esconde.
Fuentes:
Comendadores y Vasallos. José Ojeda Nieto.
Los moriscos en el Obispado deZamora. José Ignacio martin Benito.


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