Personajes que no se olvidan
Cuando era niño y pasaba las vacaciones en el pueblo, había una figura que se me quedó grabada para siempre. Era un hombre grande, enorme a mis ojos infantiles. Había en él algo del gigante de los viejos cuentos. Candelo.
Le distinguía un andar peculiar, caminaba lento, prudente, y cuando venia Calle larga abajo, camino de su trabajo, su bondad llegaba antes que su sombra.
No era de muchas palabras. No hablaba mucho, no lo necesitaba. Tenía la calma de los que no compiten con el mundo.
Le recuerdo bien cuidando de la ganadería de Los Chula, conocía el temple de la tierra y de los animales. Bailando la jota, le gustaba mucho bailar, o sentado en la mesar del bar con un vaso de vino “un campano”.
Hoy, al recordar aquellos veranos, recuerdo a Candelo como una persona sencilla y auténtica que solo existen en los pueblos y que, forma parte de mi memoria para siempre.

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